En las relaciones humanas pasa lo mismo. Te das cuenta de que cuando todo va bien y no tienes ningún tipo de problema, todo es perfecto. La verdadera personalidad de la gente sale a flote en el momento en el que las cosas empiezan a ir mal.
Me explico. Cuando alguien tiene un grupo de amigos o de conocidos y lleva una vida normal, es decir, sin ningún problema que le pueda afectar seriamente a su modo de vida, todo es perfecto. Te relacionas, ríes, sales, entras, etc... pero cuando alguien empieza a tener problemas personales, los que realmente te aprecian y te quieren como amigos estarán ahí contigo para intentar ayudarte y darte su apoyo.
En mi caso, cuando empecé a tener síntomas de depresión y ansiedad, hubo pocas personas que estuvieron ahí para apoyarme. La mayoría de los que consideraba amigos siguieron con su vida, sus salidas nocturnas y juergas, mientras yo me estaba hundiendo cada vez más en el fango. Pocas fueron las personas que priorizaron en muchas ocasiones su amistad a una noche de fiesta loca. A esas personas (Carmona y Miriam, un beso y un abrazo desde estas líneas) les estoy etarnemente agradecido por soportar muchas veces cosas insoportables y por estar ahí en el momento en que uno más necesita el apoyo de los más cercanos.
Como mi caso, hay cientos.
Gente que se han dado cuenta de la cruda realidad cuando ha llegado esta crisis económica y han visto como gran parte de sus riquezas se iban al traste, han visto como los que consideraban sus amigos bajaban tan rápido como la propia bolsa.
Gente que ha visto como perdía a familiares queridos y ha visto que los que consideraba sus amigos desaparecían o no cogían el teléfono.
La moraleja de este asunto es que el mundo esta plagado de hipócritas y es nuestro trabajo ir desgranándolo hasta poder encontrar gente a la que realmente les importemos y podamos considerar amigos de verdad.
A toda la gente realmente auténtica, solo les puedo decir: gracias por ser como sois.

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